Llegó a la provincia con las familias inmigrantes del norte de Italia a fines del siglo XIX y se convirtió en una tradición local a pesar de las altas temperaturas de diciembre. Mientras la colectividad busca preservar la receta original, los chefs y empresarios locales revelan cómo el plato se adapta al bolsillo: la resistencia a abandonar la carne vacuna y la alternativa económica para reemplazar al costoso peceto.