OPINIÓN | Tras el repudio por sus expresiones a la gran artista tucumana, Enzo Ferreira no fue apartado sino promovido como disertante en un curso partidario. La decisión expone más que una contradicción: deja a Lisando Catalán frente a una pregunta incómoda sobre los límites que está dispuesta —o no— a establecer. | Por Hernán Iramain