Tras superar el período crítico de las primeras 72 horas en la playa de La Perla, el elefante marino atraviesa una lactancia intensiva vigilada por un cerco de 20 metros. El objetivo de las autoridades es evitar que ruidos o mascotas asusten a la madre antes del destete definitivo, un evento biológico que no se registraba en la ciudad desde la década de 1990.