A tan solo 180 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, el partido de Saladillo se presenta como una opción excelente para quienes buscan una escapada distinta. Con una propuesta donde la gastronomía criolla, la historia y la identidad rural son protagonistas, sus pueblos y parajes invitan a vivir un verano diferente a través de antiguas pulperías y almacenes de ramos generales que han recuperado su esencia para deleitar el paladar y despertar la memoria colectiva.

El recorrido comienza en el pueblo de Cazón con Lo de Tenca. Allí, Paola Del Valle y Jorge Lecuima devolvieron la vida a un histórico almacén que conserva la estética de la vieja pulpería con sus manteles a cuadros y objetos antiguos. Abierto los fines de semana al mediodía, ofrece picadas, asados y empanadas en un ambiente cálido que rescata la historia del boliche de Orlando Tenca. También en Cazón se encuentra la Pulpería de Cazón, un proyecto de cinco amigos que busca preservar la tradición. Además de comida típica y música popular, el lugar ofrece libros de temática gauchesca y productos regionales, manteniendo vivo el espíritu de comunidad que alguna vez tuvo el bar-centro cultural Mamorka.
En el paraje Álvarez de Toledo, la parada obligada es El Puntal. Este almacén de ramos generales de 1930, sostenido por Viviana Benedetti y su familia, es un verdadero museo vivo con pisos de madera gastada y estanterías originales. Cuenta con más de 80 libros contables que registran la vida del pueblo desde 1937, ofreciendo una experiencia auténtica que combina cultura y gastronomía criolla. En el mismo pueblo se encuentra La Peña Del Oxidado, un espacio cultural nacido en 2022 que fomenta la creatividad a través del arte. Con una gastronomía moderna y un hermoso fogón, invita a disfrutar de presentaciones de artistas locales en un entorno centenario y tranquilo.
La experiencia continúa en Polvaredas con el Bar Luna Park. Sostenido por Marcos y Estefanía, este pintoresco espacio es una mezcla de bar, museo y cancha de bochas que conserva la mística de los tiempos en que el tren pasaba por la localidad. Finalmente, en la ciudad de Saladillo, El Payador combina la memoria cultural con propuestas sencillas y argentinas como empanadas al disco y música en vivo. Ubicado en una antigua casona restaurada, su gran patio es el escenario ideal para disfrutar de las noches de verano bajo las estrellas.
Saladillo propone así un viaje a través de sabores tradicionales e historias que siguen vivas. Es una invitación a sentarse, probar y dejarse llevar por el encanto de estos lugares donde cada mesa y cada objeto cuentan un pedazo del pasado bonaerense.
