A comienzos de la década de 2010 era uno de los grandes galanes de la televisión estadounidense. Ya había llamado la atención como Boone Carlyle en Lost, pero su salto a la fama global llegó en 2009, cuando se convirtió en Damon Salvatore, el vampiro de ojos claros, humor filoso y copa de bourbon en la mano de The Vampire Diaries.